Gillow y la Vanguardista Chautla

El nombre Gillow se ha inscripto indeleblemente en la historia de la Exhacienda de Chautla por su papel decisivo en la modernización y reinvención de esta propiedad durante el último tercio del siglo XIX. Bajo el liderazgo de Tomás Gillow y, posteriormente, de su hijo Eulogio Gregorio, la hacienda se metamorfoseó de un predio agrícola tradicional a un complejo agropecuario dotado de innovaciones tecnológicas, arquitectónicas y educativas que representaron la vanguardia europea en México.

Tomás Gillow, joyero originario de Liverpool que arribó a México en 1819, no solo consolidó la propiedad mediante relaciones matrimoniales estratégicas, sino que aplicó una visión pragmática para incrementar la eficiencia productiva del lugar. Su capacidad como emprendedor tradujo sus conocimientos y espíritu empresarial en avances palpables, sentando las bases para la posterior expansión de la hacienda. Al fallecer en 1877, la Exhacienda ya mostraba signos claros de una notable transformación, resultado de su administración riguroso y detallista.

Vista panorámica del Lago y jardines ingleses en la Exhacienda de Chautla

El verdadero apogeo llegó con Eulogio Gregorio Gillow, quien además de heredar la propiedad, integró a su actividad una profunda dimensión intelectual y espiritual, al tiempo que impulsó innovaciones tecnológicas de honda repercusión. Su gestión introdujo la energía hidroeléctrica, una de las primeras manifestaciones de este tipo en el país, además de establecer un ferrocarril regional que conectó la hacienda con mercados y centros vecinos.

Simultáneamente, Eulogio promovió la educación agrícola mediante la creación de escuelas pioneras, durante una época en que dicho tipo de formación era incipiente en México. Esta iniciativa articuló la hacienda como un nodo de experimentación y difusión de nuevos cultivos y técnicas, diversificando la producción para incluir cereales, chiles y la elaboración de pulque.

El simbolismo arquitectónico alcanzó su máxima expresión con la construcción del Castillo de Gillow en 1898. Esta estructura, concebida como un “pequeño Versalles mexicano”, fusiona influencias europeas con elementos autóctonos, destacando el uso del ladrillo rojo y del talento cerámico con Talavera Poblana. El castillo, de tres pisos con cuatro torres, alberga una biblioteca en la planta baja y un salón de armas en el tercer piso, espacios que reflejan la visión cultural y militar del propietario, aunque él nunca llegó a habitar la residencia.

A nivel nacional, el proyecto Gillow en Chautla representa una fase singular dentro del periodo porfiriano, no solamente por la modernización de un latifundio agrícola sino también por la implementación de infraestructura y educación que dialogaban con el proyecto de progreso nacional. La propiedad se convirtió en un modelo de organización técnica y estética, con jardines ingleses y un lago artificial que cambiaron el paisaje tradicional del valle poblano.

Durante la Revolución Mexicana, la Exhacienda fue víctima de la expropiación en 1914, un episodio que truncó temporalmente el ciclo de prosperidad. Sin embargo, la restitución parcial de tierras en 1922 permitió que el legado Gillow persistiera, aunque reducido, a través del sobrino Ignacio Kasuski, manteniendo viva la memoria de un proyecto que fue mucho más que un simple dominio rural.

Las aportaciones de los Gillow a la Exhacienda de Chautla no se limitan a la mera producción o estética, sino que constituyen un caso paradigmático de la recepción activa de ideas europeas en el México del Porfiriato, una síntesis cultural y tecnológica que desafió las tradiciones y anticipó nuevas formas de gestión agroindustrial. La Exhacienda, en su época de esplendor, fue el reflejo de una ambición que buscó equiparar la sofisticación europea con la riqueza del territorio mexicano, y su castillo sigue siendo testigo tangible de esa aspiración única.

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