Vestigios Olmecas en Tepatlaxco

En la proximidad de San Martín Texmelucan, a escasa distancia del tejido urbano que modela esta población poblana, se levanta la zona arqueológica conocida como Los Cerritos de Tepatlaxco. Este enclave, situado estratégicamente sobre la falda suroeste del cerro Totolqueme, se exhibe como un testimonio arquitectónico y cultural que remite a las sociedades de transición bajo la influencia olmeca, comprendiendo una ventana hacia un periodo histórico que abarca desde el 300 a.C. hasta alrededor del 600 d.C.

El núcleo ceremonial integra once estructuras en diversos niveles, destacando nueve basamentos piramidales que oscilan entre los dos y medio y nueve metros de altura. El más significativo de estos basamentos ostenta una base cuadrangular de treinta y seis metros por lado, consolidando tres cuerpos diferenciados que realzan la complejidad del monumento. Su emplazamiento, al filo de barrancas naturales, confiere una imagen imponente y, para la mirada contemporánea, evidencia la sapiencia sobre el aprovechamiento del relieve por parte de sus antiguos arquitectos.

Vista panorámica desde el cerro Totolqueme hacia la Zona Arqueológica Los Cerritos

Aunque la historia precisa de los pobladores originales permanece en gran parte en el misterio, la etimología del nombre Tepatlaxco —compuesto de términos náhuatl que hacen alusión a “palacio”, “juego de pelota” y “lugar”— sugiere una comunidad con roles ceremoniales y sociales claros. Las relaciones comerciales y de parentesco con asentamientos colindantes como Tlalancaleca, Moyotzingo y el propio San Martín Texmelucan, apuntan a una integración regional que trasciende las ruinas visibles.

Las pesquisas arqueológicas vigentes han centrado su interés fundamentalmente en las estructuras conocidas como Montículo A, Talud Este y Montículo B, detallando la arquitectura mediante la identificación de una escalinata de cinco peldaños construida en piedra volcánica que permanece en condiciones destacables de conservación. Tres pozos estratigráficos ubicados en zonas aledañas han proporcionado información indispensable para fijar el periodo de ocupación y analizar los procesos constructivos y culturales que aliaron agua, geografía y arte.

Los Cerritos no sólo constituyen un importante referente para la comprensión de la dinámica cultural prehispánica en esta región del valle; su porte y ubicación revelan también la relación íntima que su gente sostuvo con el entorno natural. La cima del cerro Totolqueme, desde donde los primeros pobladores disfrutaban de una vista panorámica del valle, es hoy un mirador privilegiado para el visitante contemporáneo que desea imaginar – sin intermediarios – la magnitud del paisaje social y geográfico en que se desarrolló esta comunidad.

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